lunes, 4 de abril de 2016

panteísta #3


¿estás listo?



podés retomar donde dejaste


como era de esperar
el paraíso está rodeado
de un alambrado

¿electrificado?

no, no tanto
pero podría.
entiendo que está más
para marcar un límite
que para mantener
a alguien alejado

levantamos un cable
y pasamos

lo importante
de ahora en adelante
es no volverse atrás
no girar siquiera
y mantener la vista
siempre al frente
porque al frente
todo es uniforme
inabarcable e inacabable

describímelo

un gran campo verde
de plantas que se mecen
al unísono, un horizonte
curvo, muy diferenciado
del azul intenso del cielo
sobre el que no hay
una sola nube.
el sol brilla fuerte
y cuando lo miro
proyecta sus halos
sobre mí.

cuando avanzás
por el paraíso
los tobillos se te enredan
con las ramas blandas
que hay debajo de la superficie
restringiéndote, sólo
un poco, el andar.
las hojas más altas
son afelpadas
y te alcanzan
por debajo de la cintura.
cuando avanzás
por el paraíso
en realidad vadeás
una masa suavemente
compacta y uniforme
de verde


¿y ahora a dónde?

al contrario de lo que
podrías pensar
no todo vale lo mismo
delante de nosotros
unos pasos más lejos
está el líder

¿el...?

el líder.
sobresale sobre el resto
como una espiga.
vamos a verlo
como parte de esta
perpetua traslación
de objetivos.
no está muy lejos
y, como es debido
hay que consultarlo

está bien, vamos
¿que pasó con el tiempo?

no estoy seguro
pero puede que se haya
desvanecido o estirado
o quizás yo lo percibo
desvanecido o estirado.
de modo que
tardamos horas
o un instante en llegar
hasta él. nos dice:
miren a su alrededor

¿qué ves?

en torno a nosotros
el campo se mueve.
no se desplaza en el espacio
se agita, fluye y refluye.
las ramas blandas se inclinan
las hojas muestran su otra cara
en corrientes y en mareas.
son una multitud de conejos
o animales cuya anatomía
no conocemos porque
sólo vemos sus espaldas
o lo que tienen adosado
a ellas: plantas
de hojas que vibran
con el viento o el ritmo
mismo de su andar.
surge un vértigo espontáneo:
estamos atrapados en
una multitud de animales
vivos

tranquilo

no es terror,
es vértigo
o asombro.
podrías venir también,
si querés, las palabras
ya no me alcanzan

necesito que sigas hablando

siento que
cada vez
me cuesta más.

acá todo respira
muy profundo

no necesito que respires
necesito que recuerdes
¿qué ocurrió?

diría que
una especie de
entierro a cielo abierto.
ya veo los pájaros
y ellos a mí

creo que
voy a quedarme acá


no, escuchame bien: del otro lado del campo, hacia el este, hay otro alambrado. desde ese lado vienen cabalgando tres jinetes. no distinguís bien sus formas, pero deben ser los dueños del campo y las vacas. se aproximan al trote porque saben que no les va a costar alcanzarte.

el paraíso es su propiedad


el paraíso es nuestro


no deberían alcanzarte
no sabés qué podría pasar.
emprendés la huida.
tenés que salir 
¿qué hacés?

(suspiro)

rápido
volvés sobre tus pasos
los jinetes bordean el campo
todo indica que te van a interceptar
de un momento a otro.



¿qué jinetes?


si vieras como está
todo ahora, si sintieras
el viento en la piel
como nunca lo sentiste
antes, y si
escucharas las voces
que corren entre las hojas
entenderías.
vienen de algún lugar
desde abajo y
también desde arriba
y ahora me doy cuenta
que hace rato
me acompañan

me dejo caer

esperá ¿dónde estás ahora?

acá abajo

hace calor
y veo otro mundo
completamente diferente
marrón, de tallos verdes
como un bosque ecuatorial
mis extremidades
no me responden.
está oscuro y húmedo
arriba los halos
se superponen
y los pájaros
describen círculos

bueno
la sesión terminó

no

cuando cuente tres
vas a abrir los ojos

uno...

dos...

tres




no

no me quiero ir de acá

lunes, 28 de marzo de 2016

panteísta #2


reanudemos

¿recordás el sol?

lo recuerdo

bien, entonces bajaron

no, nos quedamos

quizás en otra memoria
escapamos y descendimos
pero ahora el gris se diluyó
y brilla el sol en el cielo
sin nubes

¿cuál fue tu nexo?

los cementerios naturales

ajá

¿recordás el incendio?
bueno, ocurre que
sobre el borde norte
del campito, hay como
pequeños monumentos:
multitudes de piedras pequeñas
agrupadas por manos humanas
que alimentan las leyendas
de cementerios indios
acá en la cima
pero la mayoría son
restos de fogatas
y piedras aproximadas
por capricho, que construyen
simbologías accidentales.
los verdaderos cementerios
son los naturales:
arbustos resecos
de ramas negras erizadas
marcadas por el fuego
y la dirección del viento
y retoños verde intenso
que hacen fuerza
para surgir entre
raíces y piedras.
ahí en los monumentos
tenés dos edades
de la sierra, conviviendo.
esos dos tiempos
son mi nexo:
están más allá del sol
y de la lluvia.
siento que vi todo
en time-lapse

las nubes se retiraron
nunca tan rápido.
ahora todo está iluminado

¿cómo llegaron?

siguiendo a los grillos blancos

que son...

eso: nuestros guías.
hay a montones
pero los ves gradualmente.
la cima es chata
como una meseta
y está parcialmente cubierta
por un pastizal seco.
los grillos saltan
de hebra en hebra
de los pastos más altos
con muchísima precisión.
vos vas caminando
y ellos te rodean,
creés que los seguís
pero no sabés si ellos
en realidad
te siguen a vos
o te escoltan
hacia algo

"siguiendo a los grillos blancos"
me repito, y son
cada vez más

¿cuál era su objetivo?

sobre la cima,
pero del otro lado, hay
otro campo de girasoles.
queríamos llegar hasta él.
entonces fuimos a través
de los cardos

si hubiéramos tenido
algo de perspectiva
nos habríamos ahorrado
esta parte del trayecto
porque podían rodearse
fácilmente, por el oeste.
pero justo a mitad de camino
está el árbol solitario
y nos servía de punto
de referencia

¿y los grillos?

nos abandonaron
no los culpo:
ellos no quieren
entrar en los cardos

¿podemos pasar rápido?
ya siento los cortes
y los raspones

sí, no te detengas

estoy del otro lado ahora.
me duelen los tobillos

concentrate en lo que sigue
¿qué había?

esta parte no la esperábamos:
una vacada pastando
en medio de la sierra.
encerradas en un segmento
de la cima, más hundido
marcado por vegetación
espinosa por el norte y sur
al oeste una bajada rocosa
y al este la ladera
por la que subieron.
las vacas manejan un umbral
de confianza de unos
veinte metros.
a partir de ahí
son repelidas como
si de fuerza magnética
se tratase.
giran sobre sí mismas,
te miran y mugen
en plan 'te metiste
en el barrio equivocado'.

pero vos ves un rebaño,
nunca a la que muge

¿entonces?

entonces las arriamos
primero involuntariamente
después vimos que era
inevitable, y las corrimos
por ambos flancos
hasta que se organizaron
y cruzaron en fila
un pasaje entre las zarzas
del lado sur, los mugidos
de alarma recorriendo
el rebaño de punta
a punta

¿no pensaron que estaban ahí por alguna razón?

sí, pero qué podíamos hacer

iban hacia los girasoles

es cierto.
los perdimos de vista
por un momento
pero ni bien subimos
detrás de las vacas
ganamos perspectiva otra vez.

¿los vieron?

los girasoles no:

el paraíso

martes, 22 de marzo de 2016

trad #2




Suzanne te lleva a su casa cerca del río
podés escuchar los botes navegar
podés pasar la noche junto a ella
y sabés que está medio loca
pero por eso querés estar ahí
y te sirve té y naranjas
que vienen desde China
y justo cuando querés decirle
que no tenés amor para darle
es cuando te atrapa en su onda
y deja al río responder
que siempre fuiste su amante.

Y querés viajar con ella
y querés viajar a ciegas
y sabés que ella confiará en vos
porque tocaste su cuerpo perfecto
con tu mente.

Y Jesús fue un marinero
cuando caminó sobre el agua
y pasó largo tiempo mirando
desde su solitaria torre de madera
y cuando estuvo seguro
de que sólo hombres ahogados lo veían
dijo "todos los hombres serán marineros,
entonces, hasta que el mar los libere"
pero él mismo estaba roto
mucho antes de que el cielo se abriera
abandonado, casi humano,
se hundió en tu sabiduría
como una piedra.

Y querés viajar con él
y querés viajar a ciegas
y pensás que quizás confíes en él
porque él tocó tu cuerpo perfecto
con su mente.

Ahora Suzanne toma tu mano
y te lleva hacia el río
viste harapos y plumas
de cajero del Salvation Army
y el sol se vierte como miel
sobre Nuestra Señora del Puerto
y ella te muestra donde mirar
entre la basura y las flores
hay héroes en las algas
hay niños en la mañana
se inclinan hacia el amor
y así lo harán siempre
mientras Suzanne sostenga el espejo.

Y querés viajar con ella
y querés viajar a ciegas
y sabés que ella confiará en vos
porque tocaste su cuerpo perfecto
con tu mente.


jueves, 10 de marzo de 2016

panteísta #1


¿cuál es tu primera memoria?

¿de qué pasado?

el que sea

la primera cosa que me viene
es que antes había
un campo de girasoles
con un camino recto
de tierra apisonada
que lo atravesaba hasta
el montecito de la falda.
pero se quemó hace un año.
yo sólo vi las fotos y
juro que podía escuchar el rugir
del fuego sobre la sierra
en medio de la noche

¿vas a volver sobre esto más adelante?



bien, podés seguir

bueno,
atravesé ese campo de girasoles
una vez, hace dos años.
antes, si pasabas, era furtivamente,
después se abrió
a todo el mundo,
en parte por el surco
y en parte por el fuego
que se llevó a los girasoles
y dejó el campo seco
durante un verano.
después del incendio
no volvimos:
fuimos a la laguna,
hicimos media vuelta,
descansamos en una especie de
península artificial, un extremo
de tierra que se interna
en medio del agua,
estaba tan pacífico
que se nos hizo tarde.
volvimos de noche, trastabillando
por el bosque sobre los acantilados
del margen, viendo a lo lejos
los faros echar señales y
desaparecer en el camino

¿estabas asustado?

no
lo valió

¿y después?

después prometimos volver
pero no lo hicimos,
como cada vez
que hacemos promesas

pero sí volvimos a la sierra

ya no había girasoles
ni tampoco el campo quemado.
plantaron algo nuevo,
creería que es soja.
tampoco pasamos furtivamente
sino a campo traviesa
y al descubierto.
antes de llegar al montecito
cruzamos a un grupo de viajeros.
es agradable, pero al mismo tiempo
preferiría, a esa altura,
ya ir desconectando de todo.
el montecito se deja pasar
fácilmente y la trepada
es intensa pero corta.
las piedras están dispuestas
como escalones.
una vez más pienso
en el trabajo conjunto
del hombre y la naturaleza,
en caso de que los disociemos,
y el agua de las lluvias
que desciende de la cima
como un elemento aparte
preocupado, sobre todo,
por su propio ciclo
y después por pasar entre
la gente y las piedras
más bulliciosamente, o menos,
pero dejando una marca
imperceptible en un principio
y evidente con el pasar
de los días
el agua...

no te vayas 
¿qué hay más arriba?

más arriba están
el lagarto y el mono.
son dos cabezas de piedra
gigantes, que enmarcan
el segundo punto panorámico
y primer refugio de la subida.
junto a la cabeza del mono
hay un pasaje estrecho
ya perfectamente calado
desde el que se gana vista
de la otra cara de la sierra.
también, doblando a la izquierda,
hay una trepada vertical
que se sube como un mono,
con una mano y un pie
en cada cara de la piedra,
o no se sube, y sobre la cabeza
hay un tercer punto panorámico,
el más descubierto de todos.
desde ahí se puede apreciar
un fenómeno que ya se percibe
con las primeras elevaciones
pero nunca mejor:
si alguna vez quisiste
cerrarte sobre la materialidad
del viento, desde acá se pueden ver
los dibujos que traza sobre
los campos más abajo,
las hebras se inclinan,
el sol les llega diferente,
adoptan otro verde,
un verde destellante
y dibujan medialunas y surcos
que pueden verse con claridad
desde arriba.
también se nota cómo
incluso a campo abierto
las corrientes se arremolinan
van y vienen
como si desconocieran
su objetivo

¿podemos quedarnos un rato?

sólo un momento
¿qué hay del otro lado?

del otro lado está el lagarto,
separando el refugio
del montecito que hay
en esta cara de la sierra.
no se puede trepar a él
por medios convencionales.
tanto el lagarto como el mono
miran al oeste

¿quién los hizo?

¿quién los puso ahí?

como prefieras verlo

los antiguos habitantes
de la sierra,
por supuesto

...bien

a la cima se llega en dos saltos
o tres
a partir de ahí todo es meseta,
pedregoso, de vegetación rala,
pero casi un campo,
sobre todo más adelante
hacia el sur, si no me equivoco.
hacia el este está la otra cara
de la sierra y hay
un alambrado que discurre
sobre la pendiente, entre
árboles y rocas.
a veces se ven vacas
acá arriba, pero es algo
poco frecuente.
en este tramo
aparecen los primeros cardos.
hay varias especies de cardos.
también voy a volver sobre esto
más adelante, ahora
tengo que disociar

¿qué cosa?

el sol de la lluvia,
pero el viaje fue uno solo

lluvia, entonces

después de pasar la zona pedregosa
hay una ligera trepada
que pasa entre dos rocas
que es la puerta de la meseta.
es inevitable la vibra épica
al trasponerlas, si el cielo está
nublado o tormentoso,
como si se abriese una puerta
invisible, a la tierra sobre la tierra

oh

¿qué pasa?

acaba de descender una nube

venía comiéndose la sierra
desde el sur, abrazándola
y rodeándola y ahora
está justo arriba.
la vimos venir.
desde el bosquecito
pensamos que llovía
pero ahora notamos
que la nube está
en todos lados
en torno y sobre nosotros
las gotas no caen
están suspendidas
chocan contra las cosas,
estallan en las piedras
son capturadas por las ramas
y calan nuestro cuerpo.
también está el viento,
ese viento de frente amplio
y espalda ancha
que lo arrastra todo
¿lo podés sentir?

no te vayas
esto no está pasando
esto pasó ¿te acordás?

¿lo podés sentir?
esto no pasó:
está pasando.
no es estática,
es expectación.
está acumulando
en torno a mí,
va a pasar sobre la sierra
pero no sin roce

martes, 16 de febrero de 2016

35


la palabra
mediterráneo
me trae, siempre,
el azul más intenso
el marrón húmedo
de los acantilados
el blanco refractante
y rústico de las casas
el rojo anaranjado
de los tejados
y pequeñas salpicaduras
de verde

pero sobre todo
me acerca las revistas
de páginas gruesas
y formato ancho
que había en casa de mi abuela
(con su olor plástico característico)
cuya razón entendía a medias
pero que claramente iban
de los trends
del viejo continente
a mediados de los noventa:
filosos autos rosas
(si en los setenta
el diseño automotriz
alcanzó su tope,
en los noventa
tuvo, definitivamente,
una segunda oportunidad)
asientos cuadrangulares
pero imposiblemente confortables
en tonos de beige
pequeños balcones privados
con mesa y sillas para dos
hoteles absurdos
y cruceros de lujo
que en cierto punto
alimentaron mi sentido
de lo material
(ah, y relojes
cualquier cantidad
de relojes de pulsera;
no me acuerdo las marcas
pero quizás sí
las tipografías)
plazas largamente conocidas
ruinas y más ruinas
valles catalanes
y tapas
tapas virtualmente vacías
con el solo nombre de la revista
estampado arriba
(tapas que hoy
cuesta reproducir
por su sofisticación
o porque su público
no existe
ni va a existir
en este hemisferio)
y un auto refulgente
estacionado en la calle,
unas paredes blancas
y un intenso cartel
de neón

domingo, 7 de febrero de 2016

34


mientras tenso mis músculos
ella baila sobre un mar
en el que no hunde los pies
y si los saca mojados
es porque así lo quiere

respondo a la bailarina que leo
y me transformo en un bailarín
yo, de otra especie
más marcial, más atento
más lector de movimientos

te doy si vos me das
un paso adelante, otro atrás
y recuerdo ese afiche
azul gigante, que estampaba
una pared, decía 'give'

what shall i give then
in order to recieve
and what shall i recieve
in order to give
and expect nothing back

see the trick?

que las bailarinas sigan
en sintonía con la rotación
del planeta y el vaivén
de las mareas, mientras yo
sintonizo con ellas
y a través de ellas
con el mundo
también

miércoles, 3 de febrero de 2016

feat #1

Stone Angels, Keith Waldrop




Angels go - we
merely stray, image of
a wandering deity, searching for
wells or for work. They scale
rungs of air, ascending
and descending - we are a little
lower. The grass covers us.

But statues, here, they stand, simple as
horizon. Statements,
yes - but what they stand for
is long fallen.

Angels of memory: they point
to the death of time, not
themselves timeless, and without
recall. Their
strength is to stand
still, afterglow
of an old religion.

One can imagine them
sentient - that is to say, we may
attribute to stone-hardness, one after the
other, our own five senses, until it spring
to life and
breathe and sneeze and step
down among us.

But in fact, they are
the opposite of perception: we
bury our gaze in them. For all my
sympathy, I
suppose they see
nothing at all, eyeless to indicate
our calamity, breathless and graceful
above the ruins they inspire.

I could close my eyes now and
evade, maybe, the blind
fear that their wings hold.

The visible body expresses our
body as a whole, it's
internal asymmetries, and also the broken
symmetry we wander through.

With practice I might
regard people and things - the field
around me - as blots: objects
for fantasy, shadowy but
legible. All these
words have other meanings. A little
written may be far too
much to read.

A while and a while and a while, after a
while make something like forever.

From ontological bric-a-brac, and
without knowing quite what they
mean, I select my
four ambassadors: my
double, my shadow, my shining
covering, my name.

The graven names are not their
names, but ours.

Expectation, endlessly
engraved, is a question
to beg. Blemishes on exposed
surfaces - perpetual
corrosion - enliven features
fastened to the stone.

Expecting nothing without
struggle, I come to expect nothing
but struggle.

The primal Adam, our
archetype - light at his back, heavy
substance below him - glanced
down into uncertain depths, fell in
love with and fell
into his own shadow.

Legend or history: footprints
of passing events. Lord
how our information
increaseth.

I see only
a surface - complex enough, it's
interruptions of
deep blue - suggesting that the earth
is hollow, stretched around
what must be all the rest.

My "world" is parsimoniuos - a few
elements which
combine, like tricks of light, to
sketch the barest outline. But my
void is lavish, breaking
it's frame, tempting me always to
turn again, again, for each
glimpse suggests more and more in some
other, farther emptiness.

To reach empty space, think
away each object - without destroying
it's position. Ghostly then, with
contents gone, the
vacuum will not, as you
night expect, collapse, but
hang there,
vacant, waiting an inrush of
reappointments seven times
worse than anything you know, seven other dimensions
curled into our three.

But time empties, on
occasion, more quickly than
that. Breathe in our out. No
motion moves.

Trees go down, random and
planted, the
way we think.

The sacrificial animal is
consumed by fire, ascends in greasy
smoke, an offering
to the sky. Earthly
refuse assaults
heaven, as we are contaminated by
notions of eternity. It is as if
a love letter - or everything I
have written - were to be
torn up and the pieces
scattered, in
order to reach the beloved.

No entrance after
sundown. Under how vast a
night, what we call day.

What stands still is merely
extended - what
moves is in space.

Immobile figures, here in a
race with death gloom about their
heads like a dark nimbus.

Still, they do - while standing -
go: they've a motion
like the flow of water, like
ice, only slower. Our
time is a river, theirs
the glassy sea.

They drift, as
we do, in this garden so swank, so grandly
indiscriminate. Frail
wings, fingers too fragile. Their faces
freckle, weathering.

Pure spirit, saith the Angelic
Doctor. But not these
angels: pure visibility, hovering,
lifting horror into the day,
To cancel and preserve it.

The worst death, worse
than death, would be to die, leaving
nothing unfinished.

Somewhere in my life, there
must have been - buried now under
long accumulation - some extreme
joy which, never spoken, cannot
be brought to mind. How else, in this
unconscious city, could I have
such a sense of dwelling?

I would
raise... What's the opposite
of Ebenezer?

Night, with it's crypt, it's
cradlesong. Rage
for day's end: impatience,
like a boat in the evening. Toward
the horizon, as
down a sounding line. Barcarolle,
funeral march.

Nocturne at high noon.